1.5. Uso de
medicamentos en el embarazo
Como introducción previa, citaremos la absoluta necesidad de hacer una
evaluación de los efectos positivos esperados al administrar un
medicamento a una mujer embarazada frente a los posibles efectos secundarios
que se pueden producir tanto en la madre como en el feto.
La posible repercusión de la administración de un medicamento
a una mujer embarazada y al feto va a estar sujeta a un gran número de
variables, a saber:
Naturaleza del fármaco administrado: potencial
intrínseco de un medicamento de ser o no perjudicial para la madre y
el feto (ver categorías de la FDA más adelante).
Frecuencia de administración: ante un
mismo medicamento, no son idénticos los efectos esperables si se administra
el fármaco de forma esporádica, periódica o continua.
Momento de la administración: según
se realice la administración del medicamento en el primer, segundo o
tercer trimestre, las consecuencias pueden ser cualitativa y cuantitativamente diferentes.
Fase en la que se encuentra el embarazo: el momento
concreto en el que se encuentra la gestación va a conferir un teórico
potencial de riesgo a la mujer embarazada. Así, durante el primer
trimestre que es cuando se desarrollan y diferencian la mayoría de los
órganos y sistemas fetales, habrá una exacerbación de los fenómenos
proliferativos, siendo especialmente susceptible de alteración en este
periodo. La consecuencia de una acción negativa en este periodo va a producir
la paralización y/o deformidad del órgano o sistema que se esté
formando en ese momento.
Con este razonamiento, entendemos cómo son particularmente peligrosos
para el feto los
antimitóticos, ya que actuarán preferentemente
evitando la proliferación celular fisiológica que supone el
crecimiento intraútero de un nuevo ser.
Estado nutricional, inmune y metabólico materno: un mismo medicamento
puede comportarse de forma distinta según el estado orgánico
y funcional de la embarazada. Por tanto, habrá que prestar especial atención
a las patologías asociadas en el transcurso del embarazo.
Aunque la máxima de no utilizar medicamentos durante el embarazo
sigue estando vigente, también se ha de estar atento y examinar aquellos
trastornos que si no se medican, pueden tener peores consecuencias sobre madre
y/o feto. Por tanto, sopesar el binomio riesgo-beneficio cuando
se administra un medicamento, alcanza toda su dimensión en la mujer embarazada.
Señalábamos antes que un factor determinante del efecto teratógeno
que puede ocurrir en el feto es la naturaleza del medicamento administrado.
Una de las tareas más difíciles que ocurren en el periodo de postcomercialización
de un principio activo es determinar sus posibles efectos
secundarios sobre el feto cuando se administra a una mujer embarazada.
Aunque se exige legalmente (y realmente se cumple) la normativa de ensayar todo
nuevo principio activo que va a ser comercializado,
sobre sus efectos teratógenos en animales de experimentación,
lamentablemente los resultados obtenidos no siempre pueden ser extrapolados
a la mujer.
Esto ocurrió con la dramática historia de la talidomida, un principio
activo que superó satisfactoriamente todos los estudios en animales de
experimentación sin mostrar efectos secundarios sobre los fetos y, sin
embargo, sus efectos sobre la raza humana fueron y siguen siendo
triste noticia.
Quizá resulte aún más difícil demostrar que un principio
activo es inocuo para el feto cuando se administra a una mujer embarazada, que
demostrar que tiene riesgo comprobado para el feto. Demostrar que un principio
activo conlleva un riesgo para el feto puede quedar claro con
relativamente un número escaso de estudios clínicos y epidemiológicos.
Sin embargo, demostrar que un principio activo es inocuo, requiere
una exhaustiva investigación, no solamente en número de estudios
clínicos, sino también en el tiempo, ya que los efectos teratógenos
puede que no se manifiesten en el momento del nacimiento, sino meses o años
después. Un ejemplo de esto es el empleo de dietilestilbestrol para tratar
la amenaza de aborto y toxemias de la embarazada; los efectos teratógenos
del dietilestilbestrol aparecían 12 o 14 años después,
y la manifestación
clínica era una mayor incidencia de adenomas y cánceres de vagina
en las niñas cuyas madres fueron tratadas con este medicamento
durante su embarazo.
Para poder establecer un marco de actuación en cuanto a la teratogenicidad
o no de un medicamento, nos basamos en la clasificación que la
Food and Drug Administration (FDA) hace para tal fin. La FDA clasifica los medicamentos
dentro de cinco categorías según su potencial teratógeno
(A, B, C, D, X).
Categoría A: estudios adecuados y bien controlados, no
han logrado demostrar riesgo para el feto en el primer trimestre de embarazo
(y no existe evidencia de riesgo en trimestres posteriores).
Categoría B: indica una de las siguientes posibilidades:
a) En estudios sobre animales no ha habido manifestación
teratógena, pero esto no ha sido confirmado en mujeres.
b) En estudios sobre animales se ha detectado un cierto potencial
teratógeno, pero no han podido ser confirmados en la mujer.
Categoría C: indica una de las siguientes posibilidades:
a) En estudios sobre animales se ha detectado efecto teratógeno,
pero no se ha confirmado en la mujer.
b) Aún no se han efectuado estudios (ni en animales
ni en mujeres).
Categoría D: se han efectuado estudios que demuestran efectos
teratógenos sobre el feto humano pero, en ocasiones, el beneficio obtenido
con el empleo de estos medicamentos puede superar el riesgo esperado (uso en
situaciones límite de posible muerte materna...).
Categoría X: medicamentos que han mostrado, indudablemente,
poseer efectos teratógenos manifiestos y cuyos riesgos superan con creces
el posible beneficio a obtener.
En la
página
web drogas en el embarazo y lactancia se incluye la relación de principios
activos considerando su clasificación teratogénica.