Existen dos tipos básicos de diabetes mellitus: la Tipo 1 o juvenil, que suele manifestarse antes de los 30 años, y la Tipo 2 o adulta, que aparece por regla general después de los 40. Anteriormente el primer tipo se conocía con el nombre de insulinodependiente (DMID), y el segundo con el de no insulinodependiente (DMNID). Pero esta clasificación ha quedado en desuso ya que conduce a error, pues los enfermos de diabetes Tipo 2, en fases avanzadas, pueden requerir el uso de insulina para controlar su metabolismo.
En definitiva, la diabetes es una especie de cajón de sastre en el que se incluyen numerosas patologías, que a lo largo de la historia se han dividido y denominado de formas diversas. Esta es la división actual de la enfermedad:
* Diabetes Mellitus Tipo 1 (DM1). Representa entre el 5 y el 10 por ciento de los diagnosticados. Aparece generalmente antes de los 30 años de edad, de forma brusca, aunque puede producirse en cualquier momento de la vida (la frecuencia máxima se sitúa alrededor de los 10-12 años en niñas y los 12-14 en niños, aunque existe otro pico de diagnóstico entre los 50 y los 60 años). La incidencia media (los casos nuevos por año cada 100.000 habitantes) en España en población infantil de 0 a 14 años es de 11 por cada 100.000 niños, mientras que la prevalencia o casos totales se sitúa alrededor de 0,8 por cada 1.000 habitantes. La DM1 se caracteriza por la tendencia a la cetosis, ausencia de obesidad y evidencia de fenómenos autoinmunitarios.
* Diabetes Mellitus Tipo 2 (DM2). Afecta al 90-95 por ciento de los afectados de diabetes. Suele hacer su aparición después de los 40 años y tiene un comienzo engañoso, debido a que las manifestaciones clínicas pueden ser escasas (aumento de la sed, sensación de fatiga, levantarse por la noche a orinar, …). Se trata del trastorno endocrino-metabólico más frecuente y se encuentra entre las siete primeras causas de muerte de los países occidentales (siendo las complicaciones vasculares las causantes de mayor morbilidad y mortalidad).
Parece que la DM2 es, a su vez, un subgrupo en el que se engloban patologías distintas, como puede ser la MODY o DAJ (diabetes del adulto de comienzo juvenil), enfermedad hereditaria que afecta a menos del 5 por ciento de enfermos de DM2 y que se caracteriza por la aparición en individuos jóvenes de una diabetes no cetósica y no asociada a la obesidad, en la que la hiperglucemia suele ser bien tolerada y que no requiere, al menos durante los primeros años, del tratamiento con insulina.
* Diabetes asociada. Este grupo, en el que se incluyen patologías con distintos orígenes, no suele corresponderse con diabetes propiamente dichas, sino que son intolerancias a la glucosa asociadas a otras enfermedades. Puede clasificarse asimismo en diabetes por enfermedad pancreática (ausencia congénita de islotes pancreáticos, diabetes transitoria del recién nacido, hemocromatosis,…), diabetes relacionada con hormonas de contrarregulación (acromegalia, síndrome de Cushing, feocromocitoma, glucagonoma), diabetes por anomalías en los receptores a la insulina, y diabetes asociada a síndromes genéticos (glucogenosis tipo I, porfiria aguda intermitente, enfermedades neuromusculares hereditarias,…).
* Diabetes gestacional. En el embarazo, sobre todo durante el tercer trimestre, se produce un incremento en las necesidades insulínicas. Alrededor de 4 de cada 100 mujeres sufrirá alteraciones durante su embarazo (las mujeres diabéticas que se quedan embarazadas no se incluyen en este apartado). Este tipo de intolerancia suele desaparecer una vez finaliza el embarazo, pero es importante diagnosticar estas diabetes porque las pacientes experimentan un riesgo aumentado de morbimortalidad fetal cuando no son adecuadamente tratadas, y porque es probable que desarrollen diabetes Tipo 2 en los diez años posteriores (según algunos estudios, alrededor del 40 por ciento desarrollan la enfermedad). La diabetes gestacional se diagnostica mediante el test de O’Sullivan o de una curva de glucemia. La curva será obligatoria si se da cualquiera de las siguientes circunstancias: antecedente familiar de diabetes, obesidad, antecedente obstétrico patológico (macrosomía, prematuridad, fetos muertos, abortos) o edad superior a 35 años.
* Tolerancia anormal a la glucosa (AGT). También denominada, aunque de forma incorrecta, «intolerancia a la glucosa», representa la situación intermedia entre la normalidad y la diabetes. Estos pacientes no suelen padecer complicaciones específicas de la diabetes, pero muestran una asociación con la enfermedad vascular periférica y con hipertensión.
* Otras: Anomalía previa de la tolerancia a la glucosa (personas que han tenido alterada su curva de glucemia en situaciones específicas pero que vuelven a los parámetros habituales una vez recuperan la situación de normalidad. Ocurre tras un infarto o un traumatismo, durante el consumo de estrógenos o cortisona…); anomalía potencial de la tolerancia a la glucosa (personas que podrían tener riesgo de padecer la enfermedad, por tener, por ejemplo, familiares afectados), y Síndrome X (enfermedad caracterizada por la insulinoresistencia de los tejidos, la hipertensión, la obesidad central o visceral…).

