La nueva receta electrónica cuenta con “puntos negros” que no satisfacen a casi nadie
Aunque se está presentando como una de las novedades y medidas “estrella” que forman parte de los nuevos recortes sanitarios del Gobierno popular, la receta electrónica lleva tiempo implantada en algunas Comunidades Autónomas. Entre ellas, la gallega y su “e-Receita”, con un modelo en extensión, es decir, que está presente en algunas localidades mientras que en otras no existe. Por ello, cerca ya el momento de expandir esta herramienta a todo el territorio español, un estudio ha analizado su funcionamiento y ha puesto en duda algunos “puntos negros” del sistema.
En este sentido, el estudio “Atención Farmacéutica y receta electrónica: nuevos cambios profesionales”, realizado por la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC), con la colaboración de Laboratorios Esteve, ha querido analizar cómo afecta esta herramienta al trabajo de los farmacéuticos y qué resultados está teniendo hasta la fecha. Así, lo que han podido comprobar es que el tiempo medio obtenido para cada una de las dispensaciones se cifra en 141 segundos para los pensionistas y 116 para los sujetos activos. Sin embargo, el estudio considera que una dispensación ideal requeriría de 250 segundos, es decir, cinco minutos aproximadamente, para ofrecer una adecuada atención. Otro aspecto que ha mostrado el análisis es el referente a la implantación de la receta; el estudio pone de manifiesto que se está llevando a distintas velocidades y con tecnologías diferentes, que no siempre son compatibles. Esto supone un gran impedimento para el objetivo de sanidad de que los pacientes puedan acceder sin problemas a sus recetas si están viajando o residen temporalmente en otra comunidad. Otra laguna que se ha detectado en la receta electrónica gallega, la analizada en este trabajo, es su debilidad como instrumento para controlar el cumplimiento farmacológico del paciente y para detectar posibles problemas relacionados con la medicación. “La herramienta no permite al farmacéutico hacer ninguna aportación al tratamiento. Por ejemplo, no podemos comunicarle a su médico qué hace el paciente. Tampoco se registra ningún tipo de alerta frente a una alergia o interacción”, señalan algunos farmacéuticos involucrados en el trabajo. Los profesionales consultados se quejan de existe poca presencia del farmacéutico y concluyen que la receta electrónica debería permitir un acceso al historial clínico del paciente.
