Los prebióticos como la lactulosa se utilizan para la prevención y el tratamiento de esta complicación de la cirrosis. Se ha logrado revertir una encefalopatía hepática mínima en 50% de los pacientes tratados con una preparación simbiótica (cuatro cepas de prebióticos y cuatro fibras fermentables que incluían inulina y almidón resistente) durante 30 días.

Se ha ensayado con probióticos vivos que pueden reducir la prevalencia de bacterias productoras de amoníaco perjudiciales, causantes de esta enfermedad. Los ensayos localizados presentaron un riesgo alto de errores sistemáticos y un riesgo alto de errores aleatorios. Aunque los probióticos parecen reducir la concentración de amoníaco en plasma en comparación con placebo o ninguna intervención, no fue posible establecer la conclusión de que los probióticos son efectivos para alterar las medidas de resultado clínicamente relevantes. Se necesita la demostración de una eficacia inequívoca antes de poder respaldar a los probióticos como tratamiento efectivo para la encefalopatía hepática. Se necesitan más ensayos clínicos con asignación aleatoria.