Deformidades del pie
- Las malformaciones se producen durante el período de desarrollo embrionario y las deformidades durante el período fetal.
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- Ante la presencia de una deformidad del pie hay que descartar, siempre, una displasia de la cadera (enfermedad de Perthes).
- Ante la presencia de un pie cavo sería preciso descartar enfermedad neurológica.
- El pie plano laxo infantil no precisa tratamiento con plantillas ni calzado ortopédico.
- El pie zambo y el pie plano convexo o astrágalo vertical congénito requieren un diagnostico precoz y un tratamiento inmediato.
Consideraciones anatomofuncionales
El pie se describe desde la articulación del tobillo hasta los dedos. Los huesos del pie constan de 3 segmentos:

- proximal o retropié, constituido por 2 tarsos, astrágalo y calcáneo, que forman el tarso posterior, donde se encuentra la articulación subastragalina; que permite al pie moverse hacia arriba o hacia abajo.
- segmento medio o mediopie, formado por 5 tarsos, escafoides, cuboides y las 3 cuñas. Forman el tarso anterior, donde se encuentra las articulaciónes de Chopart y de Lisfranc.
- y segmento distal o antepie, constituido por los 5 metatarsianos y las 14 falanges. Los metatarsos forman un puente entre el pie medio y las falanges, que se extienden cuando el pie soporta el peso.
El esqueleto del pie se mantiene mediante elementos de soporte, tendinosos o músculo-ligamentosos, y gracias a su elasticidad puede adaptarse a todas las irregularidades del terreno.
Es la única zona del cuerpo que recibe carga directa (F= m x g). En movimiento estas cargas se disparan y se reciben de forma continuada.
Puntos óseos de carga fisiológica:
Tenemos:
- 5 cabezas de los metatarsianos
- Calcáneo
- 2 supranumerarios (sesamoideos)
- Estiloides o apófisis estiloidea o tuberosidad del 5º meta.
Arcos
Hay 3 arcos transversales:
-1º arco transverso o articulación transversa del tarso de Chopart
– 2º arco transverso o articulación tarso-metatarsiana de Linsfranc.
– 3º arco transversal, es el más importante, el de unión entre metas y falanges. También llamado A.T.A. o arco transverso anterior
2 arcos longitudinales:
a.- arco longitudinal interno o A.L.I (zona de no carga)
b.- arco longitudinal externo o ALE (zona de carga)
c.- arco transverso anterior o ATA (zona de carga)

Longitudinalmente el pie consta de 2 columnas óseas:
– columna medial, constituida por astrágalo, escafoides, 3 cuñas y los 3 primeros radios,
– columna lateral, constituida por calcáneo, cuboides y los 2 últimos radios del pie.

Ambas columnas se superponen en la articulación talo-calcáneo-navicular. La cabeza del astrágalo se articula con el escafoides constituyendo el Acetabulum pedis. En esta zona es donde el pie realiza todos sus movimientos, de ahí la importancia de dicha articulación a la hora de comprender los movimientos del pie.
Movimientos del pie
Para entender las deformidades del pie hay que entender lo que es un pie equino, talo, varo, valgo, abducción, aducción, pronación y supinación.
En el tobillo los movimientos principales son: flexión plantar y flexión dorsal o extensión. Existe un mínimo grado de movimiento lateral cuando el pie está en flexión plantar.
– Flexión plantar. Movimiento durante el cual la zona dorsal del pie, o parte de él, se aleja de la tibia. El mantenimiento del pie en esta posición determina un pie equino. Se trata de una deformidad en la que el pie se encuentra permanentemente en una posición de flexión plantar, en aducción e inversión, el retropie en varo, con el tarso calcáneo invertido por lo que el paciente afectado cuando camina apoya la región anterior del pie (marcha de puntillas) y el talón no entra en contacto con el suelo.
La persona con pie equino tiene limitada la flexibilidad para levantar la parte superior del pie hacia la zona anterior de la pierna. Puede estar afectado un pie o ambos.
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– Flexión dorsal o extensión. El pie permanece constantemente en flexión dorsal de tal modo que al apoyarlo en el suelo, éste entra en contacto con él únicamente con el talón, permaneciendo elevado el antepie. Se acompaña frecuentemente de pie valgo. El mantenimiento del pie en esta posición determina un pie talo (está limitada la extensión del tobillo).

En la articulación subastragalina se producen los movimientos de:
– Inversión. Sucede en un plano frontal, durante el cual la superficie plantar del pie gira, hacia adentro, mirando hacia el plano medio. El mantenimiento del pie en esta posición origina un pie varo.

– Eversión. Movimiento que tiene lugar en un plano frontal y durante el cual la superficie plantar del pie o parte de él gira hacia fuera, se aleja del plano medio. El mantenimiento del pie en esta posición determina un pie valgo.

En el antepie, en la articulación mediotarsiana, tienen lugar los movimientos de aducción y abducción.

– Aducción. Movimiento sobre un plano transverso, en el que la parte distal del pie se desplaza o aproxima hacia la línea media del cuerpo. Ocurre sobre un eje vertical de rotación. El mantenimiento en esta posición da lugar a un pie adductus o en aproximación.

– Abducción. Movimiento sobre un plano transverso, durante el cual la zona distal del pie se desplaza o aleja de la línea media del cuerpo. Si el pie se mantiene en esta posición se origina un pie abductus o en separación.

Los movimientos del pie no son puros, de tal manera que los del tobillo se complementan con los de la articulación subastragalina y la articulación mediotarsiana, según un eje helicoidal, dando lugar a:
– Supinación. Se efectúa sobre 3 planos y consiste en el desplazamiento simultáneo del pie en flexión plantar, inversión y aducción.

– Pronación. También se efectúa sobre 3 planos y consiste en el desplazamiento simultáneo del pie en flexión dorsal, eversión y abducción.

Deformidades del pie
Ante una deformidad del pie es fundamental explorar su flexibilidad y valorar el grado de rigidez de las distintas articulaciones, pues cuanto más rígida y estructurada esté la deformidad más difícil será de corregir.
Las deformidades del pie pueden afectar a una o a varias articulaciones del mismo, así como a los tejidos blandos circundantes. Aunque pueden ser adquiridas, la mayor parte son congénitas.
Se describen: pie equino, valgo, varo, cavo, plano, adducto y zambo:
Pie equino
Como comentábamos anteriormente esta deformidad se caracteriza porque la totalidad del mismo está sostenida en posición de flexión plantar con relación a la pierna. La contractura del músculo tríceps es la causa de que el pie adopte esta posición. El individuo realizará la marcha con el apoyo del antepie (marcha de puntillas).
Entre las causas de esta afección tenemos:
- Poliomielitis
- Lesiones de la médula espinal
- Parálisis del tibial anterior
- Distrofia muscular
Y entre los síntomas asociados que desencadena tenemos; desequilibrio de cargas y metatarsalgia.
Suele encontrarse asociado a otro tipo de deformidades del pie:
– Pie equino varo (zambo). Malformación congénita del pie en la cual éste aparece en punta (equino) y con la planta girada hacia adentro (varo). Su frecuencia es aproximadamente de 1 por cada mil niños, el 50% de los casos bilateral y es el doble más frecuente en niños que en niñas.

– Pie equino valgo (parálisis del músculo tibial posterior).

– Pie equino de los trastornos neuromusculares. Especialmente de la parálisis cerebral infantil (PCI). Es la deformidad más frecuente en estos pacientes.

Pie valgo
El pie se encuentra en rotación externa, ocurre un debilitamiento del tibial posterior y acortamiento de los peronéos (largo, corto y anterior) que hacen que el talón este en eversión y su parte distal en eversión y aducción. Se debilitan los ligamentos comunes del pie. Tiene relación con las rodillas valgas. El arco de dorsiflexión y flexión plantar del tobillo es normal.
Imagen de pie plano-valgo |
Imagen de pie talo-valgo. |
Los pies talo-valgos tienen una estructura ósea normal. No hay luxación o subluxación de los huesos del tarso. Este tipo de deformidad es la más frecuente en partos de presentación podálica (madres jóvenes y primíparas). La causa es debida a una posición defectuosa del feto, compresión por útero pequeño o musculatura abdominal potente.
En los pies flexibles se inicia el tratamiento con manipulaciones, y en la mayoría de los casos la musculatura va adquiriendo tono y el pie se va equilibrando espontáneamente. Esta deformidad se resuelve siempre sin problemas, salvo que hubiera una alteración neuromuscular.
Hay que diferenciarlo del pie astrágalo vertical congénito, o pie plano convexo.

Pie varo
Deformidad del pie en la que el talón (retropié) está invertido y la parte distal del pie se encuentra en aducción e inversión, siendo los límites de la dorsiflexión normales. La deformidad en varo aislada del retropié no existe. Generalmente se acompaña, o asocia, de deformidad en aducción del antepié con cavo, o con equino, constituyendo así los pies cavo-varos o equino-varos (pie zambo), que suelen estar asociados a procesos neuromusculares del tipo del mielomenigocele, Charcot-Marie-Tooth o parálisis espásticas.
Proceso neuromuscular |
Charcot-Marie-Tooth |
Meningocele |
El pie varo postural, por torsión tibial interna y anteversión femoral, se debe a la posición intraútero de las extremidades inferiores, que incluye aducción e inversión del antepie e inversión del retropié; los límites de la dorsiflexión del tobillo y el pie son normales. Este tipo de deformidad, que con tanta frecuencia se remite a las consultas de ortopedia pediátrica, no requiere ningún tipo de tratamiento (a veces ejercicios de estiramiento pasivos) y sí un seguimiento durante los primeros años de vida. No obstante, ante cualquier duda, se remitirá a los servicios especializados de ortopedia infantil.
Pie cavo
Es un pie con un aumento en altitud y amplitud del arco longitudinal. Por ello el retro y antepie están más próximos, y está muy disminuido su borde de apoyo externo. Habitualmente es asintomático pero puede ocasionar malestar, entorsis de repetición del pie o tobillo (lesión cerrada de una articulación debido a un giro brusco, que origina una subluxación breve con reposición inmediata y desgarro o distensión de los ligamentos con la hemorragia subsiguiente) y cansancio de los pies.
La edad de presentación está entre los 8-12 años, aunque en ocasiones está presente al nacer con el primer dedo en garra.
Raramente idiopática, la mayoría de las veces (80%) asociado a una causa neurológica; a una enfermedad heredo degenerativa tipo Charcot-Marie-Tooth, o a una malformación lumbosacra (espina bífida oculta, espondilolístesis).

Anatomía patológica del pie cavo.
1.- En el plano sagital:
Pie cavo posterior: A consecuencia de una verticalización del calcáneo por insuficiencia del tendón de Aquiles (retrae la parte posterior del calcáneo). La parte anterior es prácticamente normal (no hay flexión en los dedos).
Pie cavo anterior: Más frecuente. El talón es normal, el cavo se produce por una excesiva caída de los metatarsos, la carga se produce sobre la cabeza de estos y se ulceran. Comienza a aparecer hiperflexión de la primera falange proximal. Hay dolor.
Pie cavo mixto: Hay cierta verticalización del calcáneo y de los metatarsos.
2.- En el plan frontal:
Cavo varo (de retropie)
Cavo con talón recto
Cavo valgo (forma de pie plano)
3.- En el antepie:
Dedos en garra: ocurre cuando el pie cavo es muy pronunciado, se forman callos, lesiones y heridas.
Clínica del pie cavo:
– Aumento del arco plantar con convexidad del dorso del pie que progresa con la edad de forma lenta de los 5 a los 11 años.
– Alteraciones en la marcha (está invertida), primero se apoya la parte anterior (hay desgaste en esa parte del zapato).
– Varo de calcáneo (raramente valgo).
– Dedos en garra con horizontalización del astrágalo.
– Metatarsalgia.
– Talalgia.
– Hiperqueratosis plantar.
– Frecuentes lesiones ligamentosas de pie (fascitis), tobillo y rodilla.
– Lumbalgias recuentes. Dificultad o cansancio extremo para permanecer de pie sin moverse.
– Calambres, cansancio, dolor y sensibilidad a la palpación de la planta del pie.
Al comienzo, la deformidad es flexible ya que puede ser corregida mediante la simple elevación del antepie.
En el niño el pie cavo es aún flexible, por ello, al apoyar el peso del cuerpo este se reparte por la superficie plantar, lo que permite una marcha indolora. Suele ser tener cansancio y molestias en pie y tobillo, dificultad en la marcha y caídas fáciles. Al avanzar el proceso, la carga máxima recae sobre las cabezas de los metatarsos, y aparece dolor e hiperqueratosis en la zona. Si se mantiene el ATA, las hiperqueratosis se presentan bajo la primera y quinta cabezas metatarsianas, y si este arco está derrumbado las callosidades afectan también a las cabezas medias.
La articulación del tobillo no está afectada, pero la subastragalina puede estar limitada. La fascia plantar y especialmente el extensor del primer dedo y el extensor común de los dedos están en mayor tensión y los dedos están contracturados, en garra, sin contacto de los pulpejos con la superficie del suelo. La marcha, en los pies cavos neurológicos, muestra una inversión, de modo que el apoyo del antepie se presenta antes del apoyo del talón.

Los pies cavos con ligera alteración morfológica y sin trastornos funcionales nunca deben ser tratados quirúrgicamente. La cirugía sólo está indicada ante una deformidad grave e incapacitante o el caso de una mala evolución en niños.
Tratamiento
- Para un cavo dinámico, reeducar la marcha deambulando descalzo sobre el suelo y haciendo que el pie realice el apoyo con el talón.
- Son recomendables ortesis con soporte retrocapital, que redistribuyen las cargas en la planta del pie. Además la elevación de las cabezas metatarsianas provoca una disminución de la posición en garra de los dedos.
En el pie cavo ya establecido, el dolor plantar es el principal problema, por lo que una ortesis de soporte retrocapital puede aliviar los síntomas.

En el pie cavo ya establecido, el dolor plantar es el principal problema, por lo que una ortesis de soporte retrocapital puede aliviar los síntomas.
- Zapatos con puntera amplia para evitar los dedos en garra.
- Llevar a cabo la práctica de algún deporte: que permita mejorar la condición de la musculatura actual.
- Ejercicios de movilidad, reeducación de los músculos de la pierna, de estiramiento, equilibrio y de marcha.
- Caminar descalzo por terrenos naturales como arena, césped o la alfombra de la casa.
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Posición: Sentado.
Realización: Deslizar la pelota (o rodillo) desde el talón hasta los dedos y viceversa.
Duración: 2min. cada pie.

Posición: Sentado.
Realización: Movilizar los dedos uno a uno doblandolos, estirándolos y haciendo pequeños giros.
Repeticiones: 5 por dedo.

Posición: Sentado con la pierna estirada.
Realización: Realizar círculos amplios de tobillo.
Repeticiones: 5 a un lado y 5 al otro.
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Posición: Sentado con los pies juntos y apoyados.
Realización: Elevar dedos y planta, elevar talón y planta.
Repeticiones: 10 repeticiones de 5 segundos.
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Posición: Sentado con los pies apoyados en una toalla.
Realización: Arrugar la toalla con los dedos y estirarla.
Repeticiones: 5 veces

Posición: De pie con los pies juntos.
Realización: Ponerse de puntillas (cerca de una mesa o pared sin agarrarse)
Repeticiones: 10 repeticiones de 5 segundos.
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Posición: De pie
Realización: Flexionar la rodilla y quedar sobre un pie (cerca de una mesa o pared sin agarrarse) Para más dificultad, ponerse de puntillas y aguantar el equilibrio.
Repeticiones: 5 repeticiones de 15 segundos.

Posición: De pie.
Realización: Caminar: De puntillas (2 min.) sobre los talones, (2min.) sobre el borde interno (2min.)
Duración: 6 min.

Posición: De pie frente a una pared.
Realización: Atrasar una pierna con la rodilla estirada y con el talón en el suelo.
Duración: 20 segundos por pierna.

Posición: De pie frente a una superficie elevada.
Realización: Estirar la pierna y mantener las rodillas estiradas.
Duración: 20 segundos por pierna.
Pie plano
Es un término poco preciso en el que la bóveda plantar está hundida o desaparecida, creando un área de máximo contacto de la planta del pie con el suelo, el retropié presenta una deformidad en valgo y el antepie se encuentra abducido.
El pie plano valgo es fisiológico durante los primeros años de vida, y con el crecimiento el arco plantar se eleva. En niños este pie no requiere tratamiento.
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La mayoría de los niños presenta un pie plano antes de los 3 ó 4 años. La bóveda plantar inicia su desarrollo a partir de los 4 – 6 años, y en su formación influyen la pérdida de la grasa plantar (muy abundante en el pie del niño), la disminución de la laxitud ligamentosa, el aumento de la potencia muscular, y el desarrollo de una mayor configuración ósea.
Hay que valorar su reductibilidad, ya que suelen reducirse con maniobras.
Clasificación
Hay que diferenciar diversos tipos de pies planos que, según sus características, presentan sintomatología o tratamientos diversos.
– Pies planos rígidos: Corresponden a alteraciones congénitas, como el astrágalo vertical congénito (hay una luxación rígida de la articulación astrágalo-escafoidea que produce deformidad, dolor, rigidez y convexidad plantar, el pie es convexo. Es lo que se denomina pie en mecedora), o del desarrollo, como las coaliciones tarsales (se forman puentes y fusiones entre los huesos, entre calcáneo y astrágalo (es lo más frecuente) y entre calcáneo y escafoides).
Pie en mecedora |
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– Pies neurológicos: secundarios a desequilibrios neuromusculares graves. Las causas suelen ser: parálisis cerebral y espina bífida.
- Disfunción del tibial posterior: El tibial posterior mantiene la bóveda plantar, cuando este falla, el pie se derrumba y origina un pie plano.
- Retracción del tendón de Aquiles.
- Poliomielitis y parálisis espástica.
Pies planos flexibles: presentan recuperabilidad morfológica activa y pasiva. Excepcionalmente sintomáticos, constituyen la mayoría de los pies planos de los niños (90%). Se incluyen los pies calcáneo valgos, los pies planos laxos y los pies planos con el tendón de Aquiles corto.

El pie calcáneo valgo es el precursor del pie plano. No es un pie propiamente plano, ya que aparece en el recién nacido y en el lactante (en niños que no han iniciado la marcha). La tendencia habitual de su evolución es hacia la corrección espontánea. En los casos en que la evolución no es favorable, deben ser tratados mediante manipulaciones y aplicación de yesos correctores para conseguir la flexión plantar y la eversión del pie.

El pie plano laxo infantil es la forma más frecuente de presentación del pie en patología infantil. La sintomatología dolorosa es excepcional. Suelen ser niños obesos, hiperlaxos y suele acompañarse de alteraciones torsionales y angulares de los miembros inferiores como genu valgo, generalmente fisiológico.
El examen del pie hay que realizarlo en apoyo estático y durante la marcha, tanto de talón como de puntillas, lo que nos proporcionará información sobre la rigidez, la deformidad y la tensión del tendón de Aquiles. Debe observarse de frente (antepié en abducción), de perfil (desaparición del arco plantar) y por detrás (valgo de calcáneo).
Existe un examen complementario llamado test de Jack que se realiza produciendo una hiperextensión pasiva del dedo gordo, con el niño en bipedestación. Esta prueba, junto con la marcha de puntillas, puede evidenciar la reaparición del arco plantar y descartar, así, un pie plano rígido.

Al iniciar el tratamiento hemos de considerar una serie de aspectos: la edad del paciente, la intensidad de la deformación, la repercusión en el calzado y la existencia o no de síntomas (dolor plantar, disconfort, molestias en pantorrilla, etc.).
Se aconseja utilizar calzados flexibles, que sujeten retropié y que permitan estimular el desarrollo muscular y la función dinámica del pie. Es necesario insistir en la nula indicación de la cirugía de un pie plano estático asintomático.
Pie aducto/metatarso varo
Es una deformidad leve que afecta sólo a la parte anterior del pie en la que el antepié se desvía en dirección medial en el plano transversal, con un cierto grado de posición en varo en el plano frontal (los metatarsianos están en aducción y además tienen un cierto grado de inversión y una ligera supinación). La planta del pie tiene forma de riñón con un pliegue plantar medial. El dedo gordo está desviado hacia adentro, pero el antepié no está realmente deformado. La posición del talón es normal, quizás con un cierto valgo y nunca está en equino. Esta negatividad es esencial para diferenciarla del pie zambo equinovaro.
La relación entre astrágalo y calcáneo permanece normal siendo característico un pliegue transversal en el escafoides. El metatarso adductus puede acentuar la marcha en intratorsión cuando se asocia a torsión tibial interna o anteversión femoral.

Esta deformidad se debe a la posición del pie y la tibia del feto en el interior del útero, aunque se especula que es el resultado de un desequilibrio muscular, condicionado por factores genéticos. En la mitad de los casos se observa una deformidad bilateral.
El metatarso aducto es una deformidad frecuente del pie que aparece en uno de cada 1.000 nacidos vivos. La mitad de los niños afectados presentan una deformidad bilateral. En general, la curación espontánea de la deformidad ocurre entre un 85% y un 90% de los casos. Esto conlleva a que un 10% o un 15% de la totalidad de los enfermos presenten una deformidad residual significativa si no se realiza un tratamiento adecuado.

Se ha llamado de diferentes maneras: metatarso varo (Kite) y metatarso adductus (Ponseti y Becker).
El metatarso aducto se ha dividido en cuatro tipos sobre la base la relación de los alineamientos del antepie, mediopie y retropié. La evolución será favorable en los casos leves. Estos tipos son:
- metatarso aducto simple;
- metatarso aducto complejo con deformidad lateral del mediopie;
- «pie en serpentina», en el que el metatarso aducto se asocia a una deformidad en valgo del retropie, y
- «deformidad en serpentina» compleja, en la que el metatarso adducto y el retropie en valgo se asocian a una deformidad lateral del mediopie. La facilidad para corregir estas deformidades varían en cada caso.
El tratamiento suele ser conservador (manipulaciones simples por parte de la familia) entre los 12 y los 18 meses de edad. En algunos casos (formas moderadas o graves) precisa tratamiento en servicio de ortopedia infantil mediante manipulaciones simples o asociadas a yesos y posterior calzado corrector. Los resultados son sintomática y clínicamente satisfactorios en todas las series con menos de un 2% de recidivas.

Cuando el diagnóstico se realiza en niños mayores la respuesta al tratamiento conservador no es homogénea y habrá que considerar un tratamiento quirúrgico.
Pie zambo
El pie zambo, también llamado talipes equinovarus, no es una deformidad embrionaria, sino del desarrollo.
Afecta a huesos, músculos, tendones y vasos sanguíneos, y puede presentarse en uno o en ambos pies. Habitualmente, el pie tiene un aspecto corto y ancho, y el talón apunta hacia abajo mientras el antepie está rotado hacia adentro. El talón puede ser angosto y los músculos de la pantorrilla son más pequeños en comparación con los músculos surales normales.
Constituye la deformidad más frecuente del pie y su frecuencia es de 1 por cada mil nacidos vivos, afectando más a niños que a las niñas.
La deformidad tiene 4 componentes: equino, varo, cavo y adductus, asociados a una torsión tibial interna. Las deformidades más graves de pie zambo se localizan a nivel del retropié:

- Equinismo: el pie está en flexión plantar.
– Varo: el retropié está invertido a nivel de la subastragalina. El escafoides está desviado medialmente y el calcáneo y el astrágalo están deformados y en equino. Sus ejes son paralelos.
– Adductus: el antepié está desviado medialmente.
– Cavo: viene determinado por la pronación del primer y segundo radios junto con el varo de retropié.
Se han barajado diversas teorías para explicar la patogenia del pie zambo: freno al desarrollo fetal a partir del primer trimestre; factores hereditarios; plasmáticos; mecánicos; de origen neurogénico, etc.
A la hora de establecer su diagnóstico se ha de explorar la extremidad inferior, para descartar: la no existencia de un metatarso adductus; un pie zambo postural, en el que las deformidades son igualmente flexibles y se corrigen manualmente. En ambos casos no se precisa tratamiento. Además hay que descartar una displasia de cadera, enfermedad que se asocia con gran frecuencia al pie zambo.
Una vez diagnosticado un pie zambo se remitirá a un servicio de ortopedia pediátrica para su tratamiento inmediato.
Existen varios métodos de tratamiento no quirúrgico para los bebés que tengan pies zambos. Entre estos métodos se encuentran la manipulación en serie, el uso de férulas y vendajes, la fisioterapia y el entablillado, así como el uso de una máquina que ofrece movimiento pasivo continuo. Un tratamiento no quirúrgico debería ser la primera opción de tratamiento para los pies zambos, independientemente de la gravedad de la deformidad.
Según la American Academy of Orthopaedic Surgeons (Academia Estadounidense de Cirujanos Ortopédicos, AAOS), el método Ponseti, que se vale de la manipulación y las férulas, es el método utilizado con mayor frecuencia en los EE.UU. para tratar los pies zambos. La mayoría de los casos de pies zambos en bebés se pueden corregir en 2 a 3 meses con este método. Se recomienda que el tratamiento con el método Ponseti se inicie tan pronto como se diagnostique el pie zambo, incluso desde la primera semana de vida.

Debido a que el pie zambo puede volver a desarrollarse, se utilizan férulas durante varios años para evitar las recaídas. Al principio, estas férulas se deben usar durante 23 horas al día y hasta 3 meses, y luego durante la noche durante 2 a 4 años.

La finalidad de este método de tratamiento es la de reducir las deformidades para que el pie sea funcional, indoloro, plantígrado con buena movilidad y no precise calzado especial.



Imagen de pie talo-valgo.









