La Chlamydia trachomatis produce tres tipos de padecimientos conjuntivales: conjuntivitis de inclusión, tracoma y conjuntivitis oculoglandular.

La conjuntivitis por inclusión es secundaria a la infección ocular por clamidias provenientes del cervix o uretra en forma directa a través del canal del parto o por contacto sexual, e indirecta por contaminación de albercas.

La conjuntivitis bacteriana crónica es un padecimiento frecuente de sintomatología variable que por lo general se asocia a una causa predisponente: blefaritis, uso de cosméticos contaminados, utilización de lente de contacto o prótesis oculares.

En el recién nacido se manifiesta como una conjuntivitis aguda mucopurulenta con hiperemia intensa, quemosis y formación de pseudomembranas; se distingue de la oftalmia neonatorum gonocócica porque se presenta en forma más tardía al parto (5 a 12 días postparto). En el adulto produce una conjuntivitis folicular crónica caracterizada por cuadros recurrentes de hiperemia ocular, secreción mucopurulenta, fotofobia y ocasionalmente edema palpebral. Clínicamente se observa infiltración inflamatoria y engrosamiento de la conjuntiva tarsal superior, folículos y se asocia a queratitis puntiforme superior; puede cursar con infiltrados subepiteliales corneales y en etapas crónicas se manifiesta un micropannus (vascularización superficial de la córnea) superior.

El tracoma es una conjuntivitis crónica infecciosa que en etapas tardías de la enfermedad produce necrosis tisular y cicatrización conjuntival que distorsiona la arquitectura y función normal de la conjuntiva, córnea, párpados y sistema lágrima l llegando a la ceguera en casos no tratados en forma oportuna. A pesar de ser una de las causas de ceguera prevenible más frecuente en el mundo, en nuestro medio se presenta solamente en algunas regiones del sur de la República Mexicana. El tracoma se caracteriza por ser prácticamente asintomático en etapas iniciales y el diagnóstico se efectúa mediante la observación de dos o más de los siguientes signos clínicos: folículos en conjuntiva tarsal superior, cicatrización conjuntival, pannus vascular y folículos límbicos que cuando se necrosan producen una depresión conocida como «pits de Herbert».

La conjuntivitis oculoglandular es una inflamación de tipo granulomatoso asociada a linfadenopatía de inicio agudo que se presenta en el linfogranuloma venéreo. Se caracteriza por hiperemia conjuntival moderada, sercreción, fotofobia, ardor y la presencia de nódulos linfoideos preauriculares o submandibulares. Además, el paciente cursa con malestar general, fiebre, anorexia y cefalea. Clínicamente se aprecian granulomas conjuntivales en el fondo de saco inferior que llegan a ulcerarse así como edema palpebral superior severo que ocasiona ptosis. Deben descartarse otras causas del síndrome oculoglandular de Parinaud como son tularemia, sífilis, esporotricosis, mononucleosis infecciosa, enfermedad por rasguño de gato, tuberculosis y sarcoidosis.

Tratamiento

De 5 a 14 días después del nacimiento, el niño infectado desarrolla una conjuntivitis grave con hinchazón de los párpados y la conjuntiva. Una secreción pegajosa de pus sale de los ojos. Los adultos suelen infectarse en un solo ojo. Los ganglios linfáticos próximos al oído pueden inflamarse. En raras ocasiones, esta enfermedad daña la córnea, generando áreas opacas y el crecimiento de vasos sanguíneos. En general los antibióticos no revierten semejante daño, pero pueden ayudar a prevenirlo si se administran a tiempo.

La mitad de los niños que tienen esta enfermedad también presentan una infección por clamidias de la garganta y la nariz y alrededor del 10 por ciento desarrolla neumonía. Al margen del alcance de la infección, la eritromicina en general logra curarla. En los adultos, la eritromicina u otros antibióticos, como la tetraciclina y la doxiciclina, también pueden utilizarse. La madre de un niño infectado o la pareja sexual de un adulto infectado también deberían someterse a tratamiento.