No hay más remedio que seguir apretándose el cinturón. Las autonomías han marcado su objetivo de déficit en el 1,5 del PIB, lo que se traduce en que tendrán que recortar unos 15.500 millones. Algunos economistas consultados por CF creen que el reto será difícil, si no imposible. Con este panorama, y teniendo en cuenta que la sanidad y la educación representan casi el 75 por ciento de los presupuestos autonómicos, la pregunta que queda en el aire es qué palancas habrá que presionar para cuadrar las cuentas.

De momento, las regiones han pedido al Gobierno que se revise la normativa estatal para rebajar la cartera de servicios y los precios de referencia de los medicamentos. ¿Será suficiente o habrá que recurrir a otras fórmulas? Como informó CF, Sanidad estudia reformar el copago farmacéutico en función de la renta. Los economistas consultados creen que no habrá más remedio que aumentar el copago farmacéutico. Y es que la evolución de la aportación de los usuarios en la factura va en declive: ha caído 1,5 puntos porcentuales en diez años y un 72 por ciento desde 1979.

REFORMAS ESTRUCTURALES
Según Jaume Puig-Junoy, profesor del Departamento de Economía de la Universidad Pompeu Fabra, «el objetivo del 1,5 por ciento de déficit no se puede alcanzar sin afectar de forma negativa, y posiblemente con daños que van a perdurar, al SNS». A su juicio, hay que incidir en tres aspectos: reforma estructural del copago farmacéutico, financiación selectiva (de las prestaciones médicas, los medicamentos y las tecnologías) y gestión de la prescripción, aunque estas dos últimas medidas «tienen más efectos a medio que a corto plazo, por lo que son insuficientes para lograr ese objetivo de déficit a final de año».

Pese a que cree que va a continuar la reducción de los precios de los medicamentos, sostiene que «el problema endémico es que sigue aumentando el número de recetas por persona, con lo que la reducción del gasto es notablemente inferior a la de los precios». De ahí, que se precisen «medidas dirigidas a la gestión de la prescripción; hay que gestionar cantidades y no sólo precios». Tampoco recomienda recurrir a copagos y tasas en servicios sanitarios: «El primer objetivo debería ser la revisión del copago farmacéutico de forma sensata antes de entrar, a corto plazo, en otros tipos de copagos».

David Cantarero, profesor de Economía y responsable del grupo de I+D+I en Economía Pública y de la Salud de la Universidad de Cantabria, manifiesta que «habrá que evaluar, según criterios de coste-efectividad, la cartera de servicios y los precios de referencia reduciendo todo aquello que se precise».

DECIDIR POR RENTA
Ahora bien, «las medidas vía redefinición de cartera de servicios y precios de referencia, junto con más colaboración público-privada y las centrales de compras, difícilmente supondrán un 15 por ciento de ahorro», a lo que se une que «seguir rebajando los precios de referencia tiene bajo coste político, y aún hay margen de ahorro en esa partida». En su opinión, es conveniente «modificar el diseño del copago farmacéutico, eliminando la distinción entre activos y pensionistas, para decidir por renta», concluye Cantarero.

Sergi Jiménez Martín, investigador de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada y profesor de la Universidad Pompeu Fabra, coincide: «Aún puede haber margen en los fármacos. Con o sin crisis, debe racionalizarse la cartera de servicios con una perspectiva de medio plazo».