
El dolor de espalda es un mecanismo neurológico, generalmente de origen desconocido, que causa dolor, inflamación y contractura muscular. A veces implica compresión de una raíz nerviosa.
El dolor puede desencadenarse por alteraciones de la estructura de la columna, como ocurre en una hernia discal o en la degeneración de la articulación facetaria, pero en la mayoría de los casos se atribuye a una contractura o sobrecarga muscular.
En un 95% de os casos el dolor se debe a un síndrome mecánico inespecífico, en el que el dolor no se origina en una alteración de la estructura de la columna, sino a un mal funcionamiento de la musculatura. Un 4% padecen dolor debido a una alteración de la estructura de la columna vertebral, como en una estenosis o una hernia. El 1% restante se debe a enfermedad sistémica que desencadena el dolor “en” la espalda.
Para evitarlo y tratarlo se debe mantener al paciente activo y evitar el reposo en cama. La mayoría de los casos se trata con medicamentos y con tratamientos no quirúrgicos. La cirugía solo se indica en un número reducido de casos.
¿Qué es un síndrome mecánico inespecífico?
Es un dolor en la región que discurre desde la base de cráneo y el límite inferior de las nalgas, ligado con frecuencia a una limitación dolorosa de la movilidad, influenciado por las posturas y movimientos, que puede vincularse o no a dolor irradiado, y no debidos a enfermedades, metabólicas, digestivas, reumáticas o inflamatorias, ginecológicas, cáncer o infecciones.
En función de el lugar en el que aparece el dolor se denominan, cervicalgia si el dolor aparece a nivel cervical, dorsalgia o lumbalgia inespecífica, si el dolor aparece a nivel dorsal o lumbar. Cuando se asocia dolor irradiado, éste puede ser a la cabeza o a lo largo del brazo en las cervicalgias, o a la pierna en las lumbalgias inespecíficas.
En estos síndromes, el dolor no se debe a una alteración de los huesos o discos que forman la columna vertebral, sino a una alteración de las “partes blandas”, como músculos, tendones o ligamentos, debido a sobrecargas o contracturas, además de influir múltiples factores difíciles de cuantificar, como el grado de tensión psíquica, las posturas que se adopten, las variaciones de la presión atmosférica, o la cantidad y calidad de sueño. Este mecanismo también está presente en los pacientes en los que la causa del dolor es una “alteración estructural”, a la que se añade una irritación o compresión de la raíz nerviosa por una hernia discal sintomática.
Otras afecciones localizadas fuera de la columna vertebral pueden sobrecargar la musculatura de la espalda y desencadenar síndromes mecánicos inespecíficos, como en lesiones de rodilla, cadera o pie (las posturas y alteraciones de la marcha pueden sobrecargar la musculatura de la espalda y causando síndromes inespecíficos).
Si la afección afecta a un grupo muscular concreto, produciendo molestias típicas que permiten reconocerlo mediante exploración o pruebas diagnósticas, se podría sugerir que el mal funcionamiento de ese grupo muscular representa un diagnóstico concreto, por lo que no sería estrictamente un “síndrome inespecífico”.
En la mayoría de los “síndromes inespecíficos” resulta prácticamente imposible determinar cuál es el origen anatómico exacto del dolor, es decir, cuál es el músculo, tendón o ligamento concreto que desencadenó el episodio doloroso, pero sí se sabe que no se debe a ninguna enfermedad grave. Por eso a estos síndromes a veces se les denominan “síndromes miofasciales”, proponiendo que el dolor procede de los músculos o fascias que lo rodean.
Síntomas
a.- Dolor en la zona vertebral. Aparece cuando se activan las fibras nerviosas, Adelfa y C, y que puede ser desencadenado por el mal funcionamiento de la musculatura y otras partes blandas.
Si el dolor persiste, la excitación prolongada de las neuronas hace que las membranas de las células se mantengan constantemente activadas, de forma que el dolor ya no tiende a desaparecer, sino que se mantiene incluso aunque desaparezca la causa que inicialmente lo desencadenó (lo que se denomina “dolor neuropático”).
b.- Dolores en otras zonas de la columna vertebral. Debido a disfunciones en varios grupos musculares y a que el dolor se ha mantenido durante un tiempo, es difícil determinar que músculo fue el que se sobrecargó y desencadenó el cuadro. Por eso, al cabo de cierto tiempo puede aparecer dolor en otros niveles de la columna.
Ese riesgo es mayor cuando la musculatura es insuficiente, pues facilita que se sobrecarguen otros grupos musculares a raíz de las posturas que se adoptan para intentar evitar descargar los que inicialmente causaron el dolor.
c.- Dolor referido o irradiado a la cabeza, brazo o pierna. Existen mecanismos que pueden explicar que aparezca dolor en la cabeza o el brazo en los síndromes mecánicos cervicales, o en la pierna en los síndromes lumbares:
La “convergencia” en una misma neurona de la médula de fibras nerviosas procedentes de distintos niveles y de distintas estructuras de la columna vertebral (disco intervertebral, articulación facetaria y músculo), facilita que el paciente también pueda sentir dolores “reflejos” en otras localizaciones o niveles de la columna vertebral.
d.- «Mareos» (inestabilidad de origen cervical). Los síndromes mecánicos del raquis localizados en el cuello pueden provocar mareos, aunque estrictamente no se trata de un “mareo”, sino de “inestabilidad”.
Estos síntomas pueden aparecer por:
- Degeneración discal, por deformación del hueso, que comprime arterias que irrigan la parte posterior del cerebro. Al adoptar posturas, incorrectas, en las que la compresión es mayor, (levantar la cabeza, extendiendo el cuello hacia atrás), se reduce brevemente el flujo y el paciente se cae.
- En algunos casos por irritación o compresión de las fibras nerviosas que rodean los vasos.
- En gran parte de los casos, porque la contractura muscular del cuello altera la información que recibe el cerebro sobre la posición de la cabeza. La discrepancia entre esta información y la que recibe del vestíbulo (en el oído interno), hace que el paciente no sea consciente de cuál es su postura, lo que le da sensación de inestabilidad.
e.- Incapacidad y repercusión psicológica. A consecuencia de lo anterior, se produce una reducción de las actividades y es la responsable de la mayoría de los costes y bajas laborables y actividad diaria que conlleva el dolor.
En ciertas personas se puede producir un miedo exagerado a moverse (cinesiofobia), ya que creen que el dolor puede empeorar por ciertas posturas o movimientos. En otras, aparecen alteraciones psicológicas y estados mentales negativos ante problemas, en los que ante una falta de mejoría del dolor surgen pensamientos adversos; cuando el paciente constata que los distintos tratamientos no tienen el efecto deseado.
Distintos rasgos psicológicos como la ansiedad o la depresión se han asociado a un mayor grado de discapacidad o a una peor evolución clínica del dolor.
Riesgos
Estos síndromes no entrañan riesgo vital, ni implican situaciones clínicas graves. El peor riesgo es que el dolor persista o restrinja de manera importante las actividades diarias y la calidad de vida del paciente. Pero existen tratamientos eficaces y la inmensa mayoría de los pacientes evolucionan bien.
En el 80% de los síndromes mecánicos del raquis, el dolor, la inflamación y la contractura muscular tienden espontáneamente a ir mejorando, hasta desaparecer por sí solos en unos días.
Pero si el dolor persiste durante mucho tiempo, y no desaparece, debido a una excitación prolongada de las membranas de las neuronas, aunque si desaparece la causa que lo desencadeno, a este dolor se le llama neuropático. El dolor dura más de 3 meses y se convierte en crónico.
En los casos crónicos, el dolor suele ser mixto; en parte nociceptivo (estimulación de un sistema nervioso intacto) y en parte neuropático (estimulación de un sistema nervioso con su función alterada). Cuanto más tiempo lleve manteniéndose el dolor, más probable es que exista un componente neuropático y que este sea más importante.
Durante los primeros 14 días no conviene aplicar tratamientos agresivos ya que la evolución del dolor será buena y en un 80% de los casos.
Si el dolor supera los 14 días de duración, es aconsejable pasar al siguiente escalón terapéutico, pues a partir de ese momento cada día que pasa, aumenta el riesgo de que el dolor se convierta en crónico y sea más difícil de tratar.